Constantinopla la Nueva Roma
Constantinopla la Nueva Roma
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El 11 de mayo del año 330, después de 40 días de fastuosas celebraciones, el emperador Constantino I el Grande inauguró una ciudad que llevaba su nombre: Constantinopla. Ese acto trascendental significó el punto de partida de la historia milenaria de una urbe de leyenda cuyos orígenes remotos residían en una colonia griega llamada Bizancio. Protegida por poderosas murallas y erigida en un estratégico emplazamiento a medio camino entre Oriente y Occidente, Constantinopla fue designada como una nueva Roma cosmopolita, temida y poderosa que superaría en esplendor a cualquier otra ciudad antigua al poblarse con soberbios edificios y templos: el complejo del palacio imperial, el espectacular hipódromo con un aforo de 100.000 espectadores y, sobre todo, la catedral de Santa Sofía, un prodigio arquitectónico a mayor gloria de la fe cristiana de la que Constantinopla también fue emblema.
